
Alfredo Gómez Cerdá (Madrid, 1951), premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil 2009 por su libro Barro de Medellín (Edelvives. 2008), escribe en el suplemento literario Babelia de hoy sobre la consideración que este género tiene ("¿Es la literatura infantil y juvenil una 'literatura de segunda'?") y el menosprecio que algunos autores sienten hacia él.
¡Pásame otra gamba!
En
La Vía Láctea, de Luis Buñuel, dos peregrinos hacen un alto en el Camino de Santiago para comer. De repente, uno le pregunta al otro: "¿Crees en la existencia de Dios?". El compañero, como si tal cosa, responde: "Pásame otra gamba". Cuando hablo de literatura infantil y juvenil (LIJ) siento en muchas ocasiones unas ganas enormes de repetir esa frase. ¡Pásame otra gamba! ¿Es la LIJ una literatura "de segunda"? ¡Pásame otra gamba! ¿Tiene menos calidad literaria que la "de adultos"? ¡Pásame otra gamba! ¿Hay muchos libros malos de LIJ? ¡Pásame otra gamba! ¿Se
rebaja un escritor cuando escribe LIJ? ¡Pásame otra gamba! Etcétera. Hace un año y pico recibí un premio literario. En el acto de entrega hubo princesa, ministro y muchas autoridades. Todos tomaron la palabra y, curiosamente, el ministro del ramo, en su turno, se limitó a cuestionar la existencia de la LIJ con ese argumento archisabido de que sólo hay libros buenos y malos. Pero, ¿quién lo duda? ¡Pásame otra gamba, ministro! Pronto me entregarán el Premio Nacional de LIJ, que acabo de ganar, y espero que nadie, en los discursos oficiales, repita los mismos tópicos. A sesudos intelectuales les he oído decir -para repudiar indirectamente la LIJ, por supuesto- que se iniciaron en la lectura a los cinco o seis años con la
Ilíada, la
Odisea, o las obras completas de Shakespeare. Me alegro por ellos y por su precocidad, pero les aseguro que se han perdido libros maravillosos, que ya nunca se van a atrever a recuperar -aunque sí a denostar-.
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